
ALFONSO
CABELLO JIMÉNEZ
Alfonso
Cabello Jiménez, nace en Montalbán de Córdoba, el día 13 de
noviembre de 1932. En agosto de 1956 se marcha a Madrid, donde
vive durante 21 años y donde estudia bachillerato y magisterio.
Después de ganar las oposiciones al Cuerpo de Profesores de
Enseñanza General Básica se licencia en Filosofía y Letras
en la Universidad Complutense de Madrid.
En septiembre de 1977 es destinado como profesor a Mahón (Menorca),
donde vive por espacio de siete años. En julio de 1984, se
traslada a Córdoba, donde sigue en la docencia hasta su jubilación.
Es coautor de un libro de Historia, destinado a los alumnos de
Formación Profesional, publicado en Ediciones Anaya en 1975.
Ha publicado además los siguientes libros de poesía: Flor
de otoño (1988), Cadencias y soledades (1990), Vivencias sonoras
(1991), Alas de fuego (1992), Brumas (1994), Gelina. Antología
poética (1995); Ecos de caracola (1996 y 1998); Promesas del
viento (1997); Nenúfares (1998); Sueños de alhelí (1999);
Rosas de azafrán (2000); Auras marinas (2001); Olas de cristal
(2002); Alba de azahar (2003).
En 1993, la editorial Cultura y Paz de Madrid, publica una segunda
edición de los cuatro primeros libros de poesía mencionados
anteriormente. En 1985 obtiene el primer premio de poesía
concedido por el Ayuntamiento de Madrid y dos segundos premios
en Madrid y Guadalajara. Sus poemas han sido publicados en
un manual de "Lengua Castellana y Literatura" para la Educación
Secundaria Obligatoria (ESO) por la editorial Editex, en diversas
antologías, periódicos y revistas literarias. Además ha publicado
gran cantidad de artículos periodísticos y ha prologado varios
libros.
En mayo de 1999 es nombrado Académico correspondiente de la
Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles
Artes.
En esta
página presentamos unas breves pinceladas de cuatro de
los últimos libros publicados por Alfonso Cabello (Ecos de
caracola, Nenúfares, Sueños de alhelí y Rosas de Azafrán).
«Ecos de caracola» 1996
En
este libro Alfonso Cabello Jiménez nos ofrece su clásico concepto
de metro y de la poesía en una serie de composiciones de muy
diversa temática.
Desde
la pasión amorosa , o las ansias del desamor, a los graves
temas de desesperanza y de la soledad, pasando por su ahondada
y cálida emoción de la naturaleza, Alfonso Cabello muestra
su ya acrisolado dominio métrico y formal inserto en una tradición
atemporal, pero que marcadamente nos devuelve ecos de la dulce
asonancia becqueriana y de la poesía premodernista.
«Nenúfares»
1998
El
conjunto de poesías contenidas en este libro, es un compendio
de pasiones humanas en las que el tema del amor es su denominador
más común. No obstante también se pueden detectar en
algunas de sus poesías algunos retazos de desamor; de utópicas
ilusiones; de melancólica tristeza y alegres pinceladas de
esperanzas.
Algunas
de sus poesías nos transportan a un reposado estanque cuajado
de blancos nenúfares en flor, dentro de unos cuidados jardines,
tal vez inspirados en la realidad de los bellos y frondosos
jardines del alcázar cordobés.
También
su poesía deja entrever la preocupación del poeta por los
aspectos sociales de las gentes de su tierra.
Junto
a los cuidados sonetos endecasílabos, conviven en armonía
los romances hexasílabos, los cuartetos encadenados, las redondillas
y las flamencas soleares.
«Sueños de alhelí» 1999
Un año después
nos vuelve a deleitar Alfonso, con este nuevo e importante
libro de poesías. El poeta conoce sobradamente el universo
de las figuras mitológicas que hace cobrar vida en muchas
de sus poesías y con ello consigue transportarnos a su mundo
de sueños.
Son sueños
posibles en clave poética escritos con una magistral pluma.
Sueños que nos transportan, por medio de sus cuidados
versos y su sonora rima, a percibir los aromas de alhelíes
y jazmines de la calle de las flores de su Córdoba natal,
romana y mora.
Y a Córdoba
nos traslada el argumento de varias de sus seguidillas con
bordón, perfectamente construidas.
También
aquí mezcla sabiamente varias estrofas de tercetillos, con
coplas y redondillas encadenadas; con serventesios endecasílabos,
bien construidas décimas, sonetos y sonetillos.
«Rosas
de azafrán» 2000
Este nuevo
libro ofrece una ordenación específica, que recuerda
la estructura externa de otras recopilaciones poéticas del
autor , Bajo el nombre de Gelina, que es el de
la amada ideal, la esposa se intuye todo un universo de variaciones
amorosas que el poeta, como buen fingidor que es, sutiliza
y concreta en flores y fragancias, deseos y recuerdos.
Otra sección
ofrece un registro nuevo dentro de la temática dominante:
la sensación existencial de la persona expuesta al rigor de
la vida. Aparece entonces el poeta como un hombre desvalido
y solo, como fugitiva hoja expuesta al impulso de la tempestad
o del viento, que dijera en su momento y de manera tan magistral
el divino Francisco de Aldana. Se encuentran también
referencias a hechos recientes de mayor o menor trascendencia,
como la muerte del poeta Alberti o el desarraigo de
la encina existente en las Tendillas. La nota reflexiva, filosófica
y naturalista está presente en la parte final del libro
En conjunto,
el lector puede encontrar en esta colección una abundante
variedad temática y métrica de poemas, compuestos recientemente,
con una expresión acendrada y directa, certera y comprensible,
en la que predomina la nota de amor en sus múltiples variaciones
aunque no están ausentes otros muchos sentimientos humanos
como la nostalgia, la amistad o el recuerdo. Como el
romántico, una vez acabada la lectura, podemos apoyar la frente
en la mano y sentir un soplo de las brisas cordobesas, una
onda de perfumes y de armonías lejanas.
A
continuación se han seleccionado algunos de sus mejores
sonetos y otras formas clásicas conocidas, extraídos de su
antología "Gelina"
VERTIGO
Solos los dos, bajo una
vieja encina,
una tarde de un cálido verano,
mirando fijamente al horizonte
en el silencio mágico del prado.
La tarde se marchaba lentamente,
y el paisaje difuso y solitario,
dejaba entre las sombras los enigmas
ocultos tras la umbría del ocaso. |
Sentimos que hasta el aire nos miraba,
y la encina tan casta sin embargo,
nos cobijó, y en su penumbra surge,
el vértigo candente del naufragio.
Miré sus ojos. Contemplé la aurora
y el paisaje de nuevo iluminado.
¡Qué radiante mañana! ¡Qué armonía!
El aire se nos hizo más humano.
(Agosto de 1999) |
COMO EL CIPRES
Cómo el ciprés luchando
contra el viento,
me siento solitario en la llanura.
Cómo el ciprés. Mi flébil desventura
ha perdido de golpe su argumento.
Ya no sé ni siquiera lo que siento.
Mi frágil corazón siempre procura,
no rendirse jamás a la locura
de un terrible y absurdo desaliento. |
Cómo el ciprés
que está perdiendo el duelo,
está mi corazón en su morada,
luchando abiertamente con desvelo.
Cómo el ciprés. ¡Qué triste desconsuelo!
Tener la tierra a la raíz pegada,
mientras se mira sollozando al cielo.
(Solsticio de invierno de 1999)
|
QUINIENTOS BESOS
A mi musa poética.
Tú eres la calma,
yo soy el viento,
tú eres la brisa,
yo soy el fuego.
Tú la certeza,
yo el desconcierto,
tú sinfonía
y yo el silencio.
Tú eres la hora,
yo soy el tiempo,
tú la pradera
y yo el sendero
|
Tú
la esperanza,
yo el desaliento,
tú la armonía,
yo el desencuentro.
Tú eres la rosa,
yo el rododendro,
tú la alameda,
yo el roble viejo.
Tú eres mi aurora,
mi luz, mi aliento
y quiero darte
quinientos besos.
(5
de febrero de 2003) |
TODO ES IGUAL
Todo es igual y todo es divergente,
inmutable y cambiante cada día.
El mar, la luz, el viento y la alegría,
siempre inestable y siempre permanente.
La noche extraña, gélida y caliente.
El mismo barco anclado en la bahía.
El mismo corazón. La fantasía
siempre es igual y siempre diferente.
|
Y en
esta permanente diferencia,
se deshoja la rosa con el viento,
rompiendo brutalmente su inocencia.
La misma rosa ecuánime y austera,
siempre distinta y con su mismo aliento,
florece nuevamente en primavera.
(Enero de 2000)
|
SER Y NO SER
Yo ni sé si es verdad
la primavera,
ni tampoco el aroma de las flores.
Si cantan de verdad los ruiseñores
o todo es vanidad, humo y quimera.
Si la existencia es falsa o verdadera
o todo un artificio de colores,
que esconde los amargos sinsabores
en esta singladura pasajera.
|
Yo no sé
si es verdad que estoy muriendo
o es todo una terrible fantasía
en esta sinrazón que estoy viviendo.
Y no sé si es verdad que esta jugada
es vivir o una triste sinfonía
en una desventura hacia la nada.
(Abril de 1995) |